lunes, 22 de marzo de 2010

El Eco...


Un niño y su padre están caminando en las montañas, de repente, el hijo se cae, se lastima y grita, "Ay!"

Para su sorpresa oye una voz repitiendo en algún lugar de la montaña "Ay!".

Con curiosidad el niño grita "¿quién está ahí?" recibe como respuesta "¿quién está ahí?".

Enojado por la respuesta el niño grita "Cobarde!" y recibe como respuesta "Cobarde!".

El niño mira a su padre y le pregunta, "que sucede?".

El padre sonriendo le dice:

"Hijo mío, presta atención", y grita a la montaña "te admiro!" y la voz le responde "te admiro!", de nuevo el hombre grita "eres un campeón" y la voz le responde "eres un campeón".

El niño esta asombrado pero no entiende, el padre le explica:

"La gente lo llama eco, pero en realidad es la vida, te devuelve todo lo que dices y haces. Nuestra vida es solamente un reflejo de nuestras acciones; si deseas más amor en el mundo, crea más amor a tu alrededor; si deseas felicidad, da felicidad a los que te rodean; si quieres una sonrisa en el alma, da una sonrisa al alma de los que conoces.

Esta relación se aplica a todos los aspectos de la vida, la vida te dará de regreso exactamente aquello que tu le has dado. Tu vida no es una coincidencia, es un reflejo de ti.

Alguien dijo: Si no te gusta lo que recibes de vuelta, revisa muy bien lo que estas dando."

viernes, 4 de diciembre de 2009

HiPoCreSía disfrazada de iLuSióN



Levantó la persiana y abrió la ventana. Era el ritual de cada día, pero el ambiente era diferente. Era un nuevo episodio del año, la melodía de la calle lo decía.


Su calle, una de las más céntricas de la ciudad, abrazaba a una multitud de viandantes más abundante que cualquier otro día . Sí, era un periodo nuevo. La caricia del frío invierno en su cara, el olor a castañas asadas que salía de un precario casucho custodiado por una anciana en el paseo del parque que quedaba justo enfrente de su apartamento, las melodías que escupían los altavoces, y brillantes cervatillos pastando en la rotonda que encabeza su calle, junto con las demás estrellas, estelas, camellos, acebos y demás figuras que colgaban como títeres del centro de la gran vía. Todos ellos eran los invitados a un baile al que él nunca le había gustado asistir, pero al que, como cada año, no había excusa alguna para librarse de los días que proseguían a aquella mañana.
¿Por qué hacer de unas semanas un año? Cambian las costumbres, los platos en la mesa, los vestidos urbanos y las sonrisas de los paseantes que se contornean ante el desfile de escaparates apetecibles. La fotografía de la vida cambia tanto en esas fechas que incluso muchos no dudan en volver a coger una pluma estilográfica para sacarle brillo a su vena literaria y saludar al estilo antiguo a aquellas amistades que no han visto en años, pero que parece que siempre han formado parte de su día a día. Y es que, en ese año de tan sólo unas semanas, la gente camina por la calle con el pecho más ancho para que les entre en él su crecido corazón por ser una fecha señalada.
Y en el fondo del telón de todo este teatro, una pequeña niña de ojos saltones, con ropas raídas y rostro sucio, mira hacia el cielo buscando una respuesta a ese cambio repentino de la principal vía de la ciudad. Él hace lo mismo desde su ventana. Mira al cielo hace un repaso a todos los problemas que siguen ahí, sin solución visible y se pregunta, ¿será la ilusión?

viernes, 20 de noviembre de 2009

Carta abierta de concientizacion Argentina...


Yo, don Vilanova, más conocido como Botafogo, en honor a mis cuarenta años de ruta junto al rock y el blues y a mis libros de enseñanza de música que han influenciado a varias generaciones de músicos, muchos de los cuales forman parte hoy de lo más valioso de la escena del rock actual: declaro responsables y culpables de la muerte de ciento noventa y ocho personas en Cromagnon y del cráneo destrozado de Rubén en Vélez, a las empresas discográficas, medios gráficos, radiales y televisivos, managers y representantes, que dieron difusión a grupos de mierda integrados por pseudo músicos horribles e hijos de puta que desde sus canciones y sus escenarios hablan de que está todo bien con el descontrol, la autodestrucción con la “merca”, el “paco”, el alcohol, los psicofármacos… Ellos cobran dinero de SADAIC, regalías de la venta de sus discos, dinero fresco en sus shows… pueden robar un remís en Rosario y entrar por una puerta de la comisaría, firmar un autógrafo al comisario y salir por la puerta de atrás como si nada grave hubiera sucedido… Pueden salir al escenario con un porro de paco colgando de sus labios dando un ejemplo a sus seguidores que no están cubiertos por SADAIC, por una empresa discográfica multinacional, que no tienen una obra social como la de SADAIC o la de SADEM, que no tienen un mánager que les va a procurar un buen abogado… son muy injustos, muy cínicos, y muy poco concientes de lo que están haciendo… ¡Ustedes son culpables y cómplices de estas desgracias!

¿Vieron ustedes el bochorno de Pity “cantando” (graznando desafinadamente ) con Fito Páez? … ¿¡Qué mierda es eso!? ¡¡¡¡¡Eso es pura bosta!!!!! Sin embargo goza de la aprobación y la difusión y de los favores de quienes acuso más arriba… ¿Y los Callejeros? ¡¿Qué es esa basura?!... ¡¿Por qué difunden esa mierda que ni siquiera puede ser considerada música mala?!

Recientemente pedí apoyo al Zar del rock y pop porteño para un show mendigando un poco de difusión y como respuesta recibí un: -“No me interesa porque vos tocaste con Petinatto”- ¡¡¡¿¿¿ ¿??!!!
Yo en mis temas hablo del amor, de los sueños, de las estrellas, de los vínculos, de la introspección, de los átomos, de la magia y el misterio de la vida, de volar con la mente, de imaginar un mundo mejor… y me veo obligado a andar mendigando un poquito de difusión…

Si ustedes difunden a Pity, a los Callejeros, y a un montón de grupos más que bajan línea de que está todo bien con el reviente -aunque algunos de ellos envían mientras tanto a sus hijos a colegios de curas ¿¡?! y ostentan símbolos nazis como adornos de sus escenografías-… ustedes son cómplices de difundir el consumo de paco, merca, alcohol… ¿de qué lado están?... ¿qué ganan ustedes con esto?... ¿qué oscuros intereses están favoreciendo?

Yo pertenezco a la generación de pibes influenciados por Almendra, Manal, Pappo’s Blues, Pescado Rabioso, Invisible, Aquelarre, Arco Iris, Vox Dei, Los Gatos, La pesada del Rock and Roll, etc., etc., etc.….. que me dieron ganas de ser músico y de cambiar el rumbo de mi vida hacia algo mejor que la mediocridad de aquellos días. Me mostraron que entre el negro y el blanco de la “argentinidad al palo” había un hermoso arco iris… jamás me hablaron de drogas sino de despertares…
Gracias a ellos hace cuarenta años que me gano la vida honestamente como músico, gracias a ellos evolucioné como ser humano, intelectualmente, psicológicamente, espiritualmente, emocionalmente.
Los autos importados y las casas de los “countries” en las que habitan estos “Rey Midas del rock”, las compraron gracias a ese rock argentino que puso la piedra basal de este negocio, pero parece no recordarlo. Como ya se ha dicho, sus billeteras están forradas con la “piel de los músicos”…
Mucha de la pibada de hoy está descorazonada, desconcertada, frustrada, sin ilusiones, sin sueños, sin posibilidades, no cree en un porvenir y mucho peor: ¡están muy enojados!
Es nuestra obligación, es vuestra obligación, hablarles de que un mundo mejor es posible, para lo cual deben cuidar su cerebro de las drogas y el alcohol, porque el cerebro es el templo del alma, es un regalo del misterioso universo creativo con el que nos contacta la música, la buena música.

Agradeceré la difusión al menos de este reclamo que no es sólo a título personal.

Don Vilanova, alias Botafogo.

Firma: Miguel Ángel Vilanova

DNI: 11.956.658

Mat. Prof. de Músico: N° 4. Otorgada por la Sociedad Argentina de Músicos.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Minimo de Compra




-El mínimo de compra son veintycinco unidades señor.


-Si le compro diez cuánto me cuesta?


-No es lo que compre o lo que le cueste, sólo podemos venderle la caja completa, con veintycinco, no puedo abrir cajas para venderle diez piezas ni dos, ni una.


-Es que sólo necesito una


-Discúlpeme señor realmente me gustaría venderle una sola pieza, pero no puedo, las cajas vienen con veintycinco piezas y no puedo vendérsela, por favor no insista, no quiero problemas.


-Podría por favor hablar con su superior?


-Por supuesto, un momento.


-Que pasa caballero, en que puedo ayudarle?


-Es que el joven me dice que de éstas sólo puedo comprar una caja con veintycinco, pero sólo necesito una.


-Lo que pasa es que nuestro proveedor sólo nos surte por caja, no por unidad, es decir, si nosotros hacemos un pedido de diez, nos surten diez cajas, no diez unidades.


-Entiendo, pero sólo necesito una, no creo que no tengan una demuestra o algo así


-Mire, por reglas de la tienda no se la puedo vender, pero por esta ocasión voy a conultar con el gerente para ver si me autoriza, deme unos minutos.






Después de siete minutos.






-Señor, me autorizaron venderle una pieza, sólo tendrá que pagar por cinco unidades, esta bien?


-Si de acuerdo, con eso bastará.


-Bien aquí tiene, por favor cuando salga de la tienda presente este recibo al guardia para no entrar en malos entendidos.


-Muchísimas gracias, acaba usted de salvarme el día.










Dos hora después se encontró el cuerpo de un hombre con un tiro en la cabeza, se presume suicidio, en su bolsillo se encontró una identificación y un recibo de compra de cinco balas calibre 3.80.







Autor: Jose Alonso

martes, 13 de octubre de 2009

Reflexiones de un analfabeto


En medio de una explanada diáfana les colocan un árbol maravilloso que llamaba la atención, por que si no, se confundiría con los otros árboles del paraíso y les dicen que no coman, si el fruto también puesto invitaba a degustarlo
Por una simple desobediencia, fueron expulsados del paraíso, ¿Pero a donde? Si el único sitio que conocemos es la tierra, se supone que nuestros primeros padres fueron desterrados a este planeta, y debió de ser así, por que pasaron de la vida contemplativa a tener que buscarse el sustento, y como había comida de sobra,( Si no, se hubieran muerto de hambre) y adiós el invento.
Tuvieron que aprender de todo y a conocer el mal, generación tras generación conocieron el hambre ,el frió el dolor, las guerras la desolación la muerte y todos los males que el propio ser humano generó y aprendió de todas las maneras y formas hasta conseguir incluso llegar a la luna.
Pero también aprendió algo bueno y era hacer el amor en ese juego maravilloso donde se despiertan los sentidos, la boca para decirle al oído todo lo que Eva le hace sentir, el tacto, para acariciar ese cuerpo de seda, pasando sobre el como una caricia, los ojos cerrados, para que la imaginación superase a la realidad y en ese abrazo profundo la fusión de los sentidos hiciese llegar a Adán hasta el paraíso justo en el momento en que Eva cogía la manzana y con delicadeza le abría la mano sujetando fuertemente el maldito fruto y metiendo la manzana en la boca de la serpiente, para que probara su propio mal.
Invitaría a Eva a recorrer el paraíso dándole las gracias al creador por haberles enseñado la diferencia entre el bien y el mal, de esta forma vivirían en plenitud en aquel paraíso, donde Eva no fue culpable y Adán es inocente.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Vos solo lo sabes, y yo...?




Deje caer el papel una vez mas...
Y esta tinta seca no para de correr
Detrás de esos miedos que te cuidan.
Cantaste melodías que liberaron
Esa presión de corazones desolados,
Caminaste por laberintos mirando
Tu sombra desvanecida
Hasta desgarrar tus pies.
Y todo para que?
Para sabernos mas infelices que antes!
Donde jugaremos cuando no haya
Mas lagos donde curarnos?
Que serán de esas palabras libres a la vida,
Cuando ya no nos una mas el desamor?
Que será de mi vida,
Cuando ya no pertenezcas mas a ella?
Y escupí frases vacías…

jueves, 10 de septiembre de 2009

Cuento de un Ludópata...


Desde que se legalizaron los casinos y Bingos en toda la Provincia de Buenos Aires, han proliferado en todas las grandes ciudades, llenos de sus luces y promesas de fortuna. Pero ahí termina la similitud con el mundo de glamour que nos vende el cine, al mejor estilo de Las Vegas: en mi ciudad, como en todo el país, son lugares elegantes donde durante el día pero específicamente en las madrugadas vagan sombras de personas más que personas en sí: hombres y mujeres que buscan algo que no encuentran en sus vidas, jugando lo poco, mucho o nada que poseen. Espectros de vivos más que otra cosa son, y yo, por un tiempo era uno de ellos.

Estos sombríos y tristes ambientes eran, al menos para mí, el último lugar en el mundo en que pensé toparme con seres del Más Allá, pero eso fue a final de cuentas, lo que precisamente sucedió….

Era una época oscura de mi vida. Solitario y deprimido, mi trabajo y los buenos negocios que lograba día a día, no llenaban mi existencia. Luego de alegrarme –incluso saltando, alzando los brazos y dándome buenas vibraciones a mi mismo-, al final de un día en el que mi billetera estaba a punto de reventar de dinero, terminaba dándome cuenta que no me servía de nada, cuando al caer la noche me encontraba solo, sin alguien a mi lado con quién disfrutarlo, compartirlo. Aunque sea un afecto sincero siquiera. Solo una vez más.

Aquella noche no tenía ganas de regresar a mi casa; en realidad no tenía ganas de nada. Después de pasar gran parte de la noche en un bar, bebiendo solitariamente, ingresé al Bingo, mas precisamente en el de la ciudad vecina. Me había vuelto ludópata –y no tengo vergüenza en admitir que aún lucho contra ese vicio-, y a pesar de que no llegué como otros a perder todo en el juego, ocasionaba un significativo hueco en mi economía.

El bingo en cuestión -uno de los más importantes por estas épocas en la zona-, ocupaba, como es habitual en estos tiempos, los ambientes de un antiguo banco, quebrado durante la crisis económica de los ochenta. Era el ambiente excelente para ser casino: amplio, techos altos y una caja fuerte heredada de su pasado uso; no era el primer lugar en la ciudad que, siguiendo un destino, un karma, recibía como en otros tiempos, dinero a carretadas, aunque ahora de otra forma.

Se había hecho ya de madrugada. El lugar estaba casi desierto, salvo por los eternos trasnochadores de siempre, ya totalmente absorbidos por el vicio. Algunos ricos, algunos pobres, pero todos imposibilitados ya de controlar su adicción. Apoyadas en la barra del bar, cabeceaban las camareras, jóvenes que, luciendo diminutas minifaldas, prácticamente vivían ahí, esclavizadas a su belleza, recibiendo un sueldo mediocre a cambio de una sonrisa y una amable atención. Era un ambiente tremendamente triste. Era excelente, por que así se sentía mi propio corazón.

Tras avanzar por en medio de las máquinas tragamonedas, tambaleándome bajo los efectos del alcohol y esa tremenda ansiedad por jugar, una atenta y despierta camarera –seguro era su primer día- , me invitó a entrar al sector V.I.P, mientras ponía en mis manos un vaso de whisky – nunca pudo haber percibido que era mi bebida favorita- invitación de la casa dijo, estrenaban una mesa de ruleta electrónica esa noche. Como no jugaba a ese juego hacía mucho, fui a la caja a que me den una tarjeta electrónica para jugar y me dirigí despacio detrás de las escaleras.

Sólo habían cuatro personas, sentadas en la mesa de la ruleta: un rustico hombre de camisa, gordo y siempre sonriente, un joven barbudo y descuidado en su vestimenta, una señora de unos cuarenta años, elegante y bien arreglada y una señora de unos 60 años, con apariencia de una abuelita buenuda.

Había dos asientos libres, así que me senté tras dedicarles una buena suerte a los cuatro. Todos asintieron con la cabeza y comencé a jugar. Conforme avanzaba la noche, comenzaron a conversarme, haciéndome sentir parte del grupo: Don Porfirio era el nombre del hombre rustico, siempre sonriente a pesar de los desaciertos en su jugada. Su tez morena y sus gestos campechanos evidenciaban que era un agricultor algo adinerado, pero venido a menos. César, en cambio, el joven de peinado descuidado y barba de tres días era uno de esos tipos desesperados y sin fortuna que esperan el día en que le llegue la suerte (el cual al día de hoy me refleja). Susy, la mujer elegante, era la esposa de un empresario que jamás estaba en casa y que mataba las noches de soledad gastando su dinero, esperando alguna fugaz aventura. Doña Lupita era una viuda sin hijos, que entró una vez al casino y no salió ya más.

“¿No venís mucho por acá, no?”-, me preguntó directo Susy, sentada al lado mió, con una voz muy melosa y haciéndome notar su espectacular delantera enfundada en su ajustado suéter. “¿por qué tan solito?”. Se notaba que había puesto su mira en mí. A pesar de sus años era una mujer muy atractiva. “Por que sí….” -, fue mi respuesta. No deseaba que nadie me preguntase acerca de mi vida.

“Ten cuidado, muchachito”-, me dijo en tono de confianza Don Porfirio, pícaramente, codeándome-, “que si Susy te agarra, ya no te suelta”. Casi de inmediato soltó una tremenda carcajada que hizo retumbar el lugar. “¡Cállate viejo pajero, seguro que el no usa viagra!” -, le respondió Susý junto con un pellizcón, ocasionando que todos se rieran también. “¿Por qué tan seriecito, corazón?” -, volvió a la carga Susy. “….Cómo no voy a estar serio, si estoy perdiendo”- le dije. Mostrando su mejor sonrisa, volvió a la carga: “si es por dinero, no te preocupes; yo te presto”- dijo para luego girar el cuerpo y alzar la mano-,” señorita, dos escoceses en las rocas, por favor”. Mire medio desconcertado pero en fin, no opuse resistencia.

Mientras la camarera nos traía las bebidas, el resto siguió la charla. Don Porfirio llevaba la voz cantante, como siempre: “¡bah!, ¿y qué?, yo voy perdiendo 350 pesos y no me quejo….”. Yo ya voy 600” -, agregó César, cogiéndose la cabeza de desesperación para luego dar una trompada a la máquina-, ¡Esto es una mierda, esta porquería está arreglada!”.

“Cuidado Il Cezare, que te van a echar como un perro sucio” – intervino Doña Lupita con tranquilidad, soltando un suspiro-, “yo voy 180 perdidos, pero que más da, ¿de qué me sirven si estoy sola…?”. Aquella gente era de cuidado: me estaban desplumando pero casi ni se inmutaban de las pérdidas que tenían. Alcé la vista y me encontré con los ojos azules de Susy, convidándome un vaso; “¿y a quién le importa?, ¡ES SOLO PLATA!”-, me dijo como si leyese mi pensamiento.

De repente, Doña Lupita soltó un profundo suspiro y dijo: “….si al menos viese a Patty otra vez”-, lo dijo como si fuese la tal Patty la persona más importante en su mundo. “…¡ya van a empezar con sus ...historias!”-, exclamó molesto Il Cézare, apurando de golpe su cuba libre. “Por que no crees en ella, ella no se te aparece….” -, le respondió la mujer con tranquilidad. Habían causado en mi cierta curiosidad y no me pude resistir a preguntar: “¿y quién es esa Patty?”. Todos se miraron a los ojos, como preguntándose si debían revelármelo. A los pocos segundos Don Porfirio respondió con un guiño: “es un fantasma”.

“¿Un fantasma, y cómo es eso?”-, interrogué ansioso. Todos quedaron en silencio y dejaron que Doña Lupita comenzara el relato. Lo hacía con respeto, levantando la vista, como si le hablase a alguien más: “cuando abrió este bingo, entró a trabajar una chica; tenía menos de 18 años así que mintió para conseguir el trabajo. Era muy hermosa, tenía una carita de ángel” - suspiró de nuevo y prosiguió –, “era taaaan buena…!”.

“Preciosa realmente” -agregó Susy-, “mucho más que yo a su edad”. Doña Lupita la interrumpió, haciendo énfasis en lo que quería resaltar. “No sólo era su físico: era su alma. Siempre aconsejaba, te daba ánimos. Escuchaba tus problemas. Todos la querían y la respetaban. Si algún viejo verde la molestaba, no intervenía la Seguridad del bingo: todos los clientes nos parábamos y sacábamos al desubicado. Ella estaba sola en el mundo y nosotros éramos como una gran familia y ella era como nuestra hija”.

“Era la hembra más linda que hayas conocido” -, exclamó Il Cézare, interviniendo en el relato. “ !Cállate imbécil; respeta a los difuntos!!” -, le tiró de golpe Susy. Il Cézare le soltó un gesto con la mano y siguió jugando. “…Una noche, Patty se despidió y salió apurada….” –retomó el relato Doña Lupita, ahora más seria y triste-, “nunca se supo adónde se iba ó con quién. Tomó un taxi cualquiera, no de los de la empresa que hacen habitualmente viajes para los empleados del bingo”.

De pronto, la ancianita comenzó a lagrimear. Todos bajaron la mirada, muy serios. “Apareció a la mañana siguiente…la habían matado. Unos malditos la habían violado y la tiraron degollada en un descampado, como si fuese un animal, ¡¡¡ mal nacidos, ojalá se mueran todos… !!!”-, terminó la pobre mujer.

“Desde entonces, se aparece acá en el bingo; aparece y te ayuda cuando tenes problemas”-, sentenció Don Porfirio. “yo nunca la he visto” -, intervino Susy. “Es que vos tenes plata, mí amor: sólo ayuda a quién de verdad lo necesita- , agregó la anciana-, “¿sabes?, una vez hice una tontería: aposté toda mi pensión a las tragamonedas. Tenía deudas y no me quedaba más que 5 pesos, ni para comprarle un atado de cigarrillos a mi nieto, ya que hoy cuestan unos cinco y pico. Me puse a pensar en ella. No la ví, pero sentí que estaba ahí conmigo: jugué de nuevo y la máquina me dio ¡tres veces seguidas el jackpot, el premio máximo!”.

“Una jugada en un millón….” -, volvió hablar Il Cézare. “Si, es cierto –dijo la Doña-, “y yo por ambiciosa, quise seguir jugando, ¡y la máquina se apagó de repente por completo!; ¡algo extrañísimo, ni los técnicos del bingo sabían por qué!; en fin, entendí que Patty me decía que agarre hasta la ultima moneda y me vaya,…. Pasé una hermosa navidad ese año”.

“Yo sí la ví una vez…”-, comenzó a decir Don Porfirio-, “no la conocía hasta ese momento. Tenía deudas y el banco me dio un préstamo, ¡pero en vez de irme a mi casa me metí acá y lo jugué todo,….eran 10,000 pesos! (como US$ 3,000); me quedé toda la noche. A la una de la madrugada, me quedaban apenas 100 pesos. ¡Pensaba en pegarme un tiro cuando llegue a casa… lo había perdido todo!. Entonces se apareció detrás mió. Me ofreció un cigarro y con esa sonrisita tan linda que tenía, me dijo: 14 - 33 y 8, y luego se retiró. No conocía su historia, así que lo tomé como una posibilidad. ¿Y sabes qué?, ¡jugué esos números, los repetí cuatro veces en la ruleta y gané 14,000 pesos!, ¡JAJAJAJA!”

“Cuando cobré, me iba a ir, le pregunté a una de las chicas: “te hago una consulta, ¿cómo se llama esa chiquita de pelo negro lacio, con uniforme naranja y blanco?, ¡se gano un premio!”, pero la chica me respondió muy seria que no había ninguna chica trabajando con esas características, y además, el uniforme naranja con blanco lo usaban dos años atrás, no como ahora que es negro y dorado”- , explicó apuntándome a la muchacha que nos traía cigarrillos. “Después me contaron que era una almita”.

“Bueno, fue interesante la historia, pero ya me debo ir; me “pelaron”-, les dije parándome. “Nooo; quedáte. Que yo sepa, la noche aún es joven”-, me dijo Susy. “Me gustaría, pero tengo que trabajar mañana-, traté de explicarle. Al mismo tiempo, las bebidas habían hecho su efecto y necesitaba ir a los servicios higiénicos, mi vejiga esta apunto de estallar. Ví de pronto un empleado de limpieza que entraba rápidamente a un cuarto al lado de la mesa y salía igualmente de rápido-, “¿ese es el baño?”. Todos se quedaron mudos de pronto. “mejor andá al de la sala de tragamonedas”-, me sugirió Don Porfirio. “¿Pero por qué si éste está más cerca?”-, insistí. “….Por que Patty no es el único fantasma que hay acá...”, - , me respondió Doña Lupita, mostrándome el temor en sus ojos.

“¿Me dejan contarle ésta?” -, exclamó de pronto muy emocionado Il Cézare. Todos asintieron-, “¡bien!; esta te va a gustar. ¿te acordas que éste lugar era antes un banco?”. Si si, respondí con la cabeza: “ mi hermano mayor trabajó acá…”. Se notaba que Il Cézare se regodeaba contando la historia, a pesar de estar ya totalmente ebrio. “¡Pues bien!, hace unos 10 años hubo un desfalco, ¿te imaginas?, ¡millones de dólares se hicieron humo!,…¡eso sí es plata de verdad!. Como te iba diciendo, acusaron al sub-gerente general, pero muchos dicen que el responsable era el gerente general, que era un tipo emparentado con los dueños del banco. En resumen, cuando apareció el escándalo en los diarios y medios de distribución nacional, el tipo vió desde su oficina llegar a la policía para detenerlo. Se paró, se fue al baño de empleados y se ahorcó. Pero, ¿sabes qué?, yo creo que lo “silenciaron” para que diga no nada como se acostumbra a hacer en este país, ¿entendes?”.

“Es un alma atormentada” -agregó Don Porfirio-, “¿viste a ese tipo que salió como tan rápido como entro?, nadie entra ahí y si lo hace, no se queda mucho tiempo”. Mirando la puerta cerrada, le respondí: “yo tampoco me quedaré mucho. Además, si busca venganza, no creo que tenga nada contra mí”. Me miró como un padre mira a su hijo. “¿No escuchaste?, ese tipo fue asesinado, no es una buena alma. Yo que vos no iría”. Pensando en aquel momento más en mis necesidades fisiológicas, finalmente me decidí: “ya vuelvo”-, les dije. La única que me contestó fue Susy: “te espero acá, corazón”.

Al cerrar la puerta, detrás mío no percibí nada dentro del baño. Estaba limpio y olía a perfume de jazmines y del exterior no se escuchaba nada más que los sonidos propios del bingo. Hice lo que tenía que hacer y ya preparado para salir, me encontraba en la pileta lavándome las manos. Pensaba si en hacerle o no caso a Susy, mientras me miraba al espejo. Igualmente, pensaba en que aquel baño no revestía nada que diera temor. En eso pensaba cuando sentí el primer golpe.

Mi cara golpeó duramente contra el espejo, pero no lo llegó a romper. Me tenían firmemente agarrado del cuello, apretando mi cara contra el cristal, impidiéndome ver al agresor. Tenía manos extraordinariamente fuertes y la que me agarraba la cara como si fuese una tenaza. Casi al instante sentí la descarga: tres fuertes trompadas con el puño cerrado de mi cobarde oponente golpearon en mi costado derecho, justo en el hígado, sacándome de golpe, valga la redundancia del asunto, todo el aire. Mis brazos cayeron a ambos lados como si de un muñeco de trapo fuesen. Estaba indefenso e incapaz de defenderme. Cuando apenas estaba reponiéndome, sentí ambas manos alrededor de mi cuello. Me estaba ahorcando. El maldito que me atacaba rodeó con sus dedos mi cuello, asfixiándome. Sin poder pedir ayuda, tratando de respirar, comencé a agitar las manos como loco, tratando de agarrar algo para responder al ataque. Mi cara seguía pegada al espejo. Quería gritar y no podía, mientras sentía esos horrorosos dedos comprimiendo, tratando demencialmente que deje de respirar para siempre. Apenas pude abrir el grifo del agua en mi vano intento de buscar algún tipo de arma.

Cada segundo que pasaba trataba en vano de decir “ayuda,… ayudaaa…” y lo único que salía de mi garganta eran chillidos y sonidos vacíos. Afuera nadie me escuchaba y sólo podía oír la mecánica voz femenina de la ruleta electrónica diciendo: “…HAGAN…SUS APUESTAS, SEÑORES….NEGRO EL 26…”. Cuando casi me daba por vencido, me sentí de pronto alzado en el aire: el muy maldito era más alto y más fuerte que yo y sosteniéndome con ambas manos por el cuello, me levantó del suelo. Sentí con terror cómo mis pies se despegaban del suelo. Desesperadamente con las puntas de mis pies trataba de apoyarme en el piso.

No sé si fueron minutos o segundos los transcurridos. Pero conforme sentía la terrible falta de aire, las venas de mi cabeza a punto de estallar y como que mis ojos se salieran de sus órbitas, el sujeto que intentaba asesinarme separó mi cara del espejo, y así pude ver finalmente la cara de mi agresor: no tenía cara….

¡NO HABÍA NADIE AHÍ!,…. Vi con horror cómo yo flotaba en el aire, a escasos centímetros del suelo, ese ser invisible, me ahorcaba salvajemente, pero sólo podía ver la forma que sus también invisibles dedos marcaban alrededor de mi cuello. Ahí sentí lo que me parece, hasta hoy, lo que se debe sentir al morir: una sensación de extraño vacío, una sensación de abandono, un embotamiento de las ideas…. No sé bien cómo describirlo.

Cuando casi ya aceptaba mi destino, aquella entidad me agitó en el aire como un muñeco unas cuantas veces, para luego dejarme caer pesadamente al suelo. Sentir de nuevo el aire entrando en mis pulmones es una sensación que no voy a olvidarme jamás. Tardé un buen rato en incorporarme, si no hubiese ido al baño minutos antes, tengan por seguro que me hubiese hecho encima. Transpiraba a mares y mi pulso estaba apenas componiéndose cuando mirando mi deplorable estado en el espejo, y sorprendiéndome por las rojas marcas de dedos en mi cuello. A través del espejo pude ver detrás mió cómo la puerta de metal de uno de los inodoros se abría y cerraba a una velocidad estrepitosa, casi desprendiéndose de las trabas. No lo pensé dos veces, ese ser quería que me largue del baño y eso hice.

Salí como una tromba del baño. No pensé en nadie ni en nada, sólo quería salir cuanto antes de ese lugar. Al pasar por la mesa de la ruleta, todos comenzaron a reírse con fuerza, sin importarles mi estado; ¡malditas lacras!, pensé que eran mis amigos…

Al esquivar los pasillos, tambaleándome me dirigí a la salida, comencé a respirar mejor. Los demás empleados del bingo estaban tan aburridos y cansados que ni se fijaron en mí; pensarían que era simplemente otro borracho que se iba. No dejaba de temblarme, instintivamente gire hacia atrás para ver si “eso” me seguía, ahí fue cuando la ví: estaba parada atrás de dos señoras que jugaban en una tragamonedas. Era delgada, de pelo lacio oscuro, su cuerpo delgado enfundado en una blusa blanca y una minifalda naranja. Llevaba en la mano una bandeja con atados de cigarrillos. Nadie la miraba excepto yo. Me miró fijamente, con una mirada que mostraba una infinita pena. En silencio, comenzó a menear su cabeza para ambos lados; entendí que me decía que no volviese. Eso fue lo que hice.

Los moretones en mi cuello tardaron en sanar. Jamás volví a ese bingo. Aún juego pero por nada del mundo iría de nuevo allá. Al poco tiempo de lo que me pasó, me enteré que la gerencia del bingo decidió clausurar ese salón, ignoro por qué. Sólo sé que algunas amigas mías han trabajado ahí después de ese día y todas aseguran haber visto a Patty en más de una ocasión. Con respecto a lo otro, ese baño ahora es un depósito lleno hasta el techo de cajas.

martes, 8 de septiembre de 2009

Hombre gris


El era un tipo correcto, amable, serio y algo reservado. En definitiva, casi lo que algunos mortales suelen escalafonarlo como “alguien normal”.


Tenia su vida programada. Sus días transcurrían como un programa de radio, todo estipulado en tiempo y forma. A las 7 de la mañana la alarma del celular le desgarraba de sus sueños como cual yacaré desgarra a su presa antes de ser devorada. Abrir los ojos, bostezar como quejándose de la vida e inclinarse hasta llegar a una posición de 90º eran las primeras tres cosas que el día a día le planteaban.

El mismo pasillo frió y vacío que lo depositaba en el baño mientras que recorría cada parte de su anatomía eran como las calles de noche, tranquilo, algo tristes tenidos con ese color ocre resonante. Después de una rápida y descontracturante ducha caliente se dirigía a la cocina, allí lo estarían esperando esa pava vieja con el mango de madera quemado encima de la cocina. Por arriba de la mesa, como felizmente acomodada la bandeja con las cosas del café como solía hacer todas las noches antes de irse a dormir. Prender la radio, informarse sobre el tiempo, el transito o simplemente hacer correr las agujas del reloj mientras bate que bate en la taza el desayuno hasta que ese diminuto chillido de la pava le avise que el agua esta a punto. Cosas que solía hacer.

Chocolate...

–¿Crees que serán de chocolate?

–¿Qué? ¿Quienes?

–Los negros

Eso sonaba fascinante. Dejé de patear el balón contra la pared y saqué el regaliz de palo, el de pensar. Sí, sonaba fascinante, pero nunca habíamos visto un negro de verdad quitando el rey Baltasar, y probablemente –y al pensar esto se me vino el mundo abajo– nunca llegáramos a ver uno, y en caso de verlo, ¿dejaría que unos críos como nosotros le chuparan? Y por otra parte ¿a qué venía esta pregunta de Sergio?

–¿A qué viene eso?

–¿Qué dices?

Me saqué el regaliz de la boca e insistí.

–Digo que a qué viene eso, lo de los negros de chocolate.

–Ah, es porque hay un niño nuevo en el cole. Y es negro como el chocolate. ¿No lo sabías?

–La primera noticia que tengo.

Pasamos la mañana haciendo conjeturas respecto a la materia de que estaban hechos los negros, pero no llegamos a resolución alguna. Nadie sabía nada al respecto. Ni siquiera Eduardo Blasco que llevaba gafas y se sentaba en primera fila y sabía más que ningún otro de la clase de casi todas las cosas, pero no sabía jugar al fútbol ni a las chivas. Decidí consultar al hombre más sabio del mundo. Mi abuelo.

YoAbuelo, ¿los negros son de chocolate?
Abuelo(Ríe) Por dios hijo, qué preguntas más tontas haces.
Respuesta que no resolvía la cuestión planteada. Al día siguiente, nadie había averiguado nada sobre el tema. Ni siquiera Eduardo Blasco, que había consultado una enciclopedia. «En la entrada de chocolate –explicó– no menciona para nada a los negros. Y en negro dice algo de la raza melánida, pero no sé si eso es un sabor».

Así que resolvimos hacernos amigos del niño negro y le invitamos a jugar al fútbol con nosotros. Y, sorpresa, en el partido del recreo, con dos equipos de dieciocho jugadores, el negro –que desde entonces fue llamado por todos Aaron y no «Eh, tú, negro»– marcó cuatro goles, convirtiéndose así en un niño respetado por todos. Excepto por Eduardo Blasco, que no sentía ningún interés por el fútbol.

Tras unos días de sano compañerismo, gratos partidos de recreo y vanas indagaciones, decidimos preguntarle. Y Aaron, que venía de Vallecas y no del África, contestó:

–Jo, tronco, es que sois gilipollas los de este pueblo.

Sergio se sintió herido en su orgullo maño, y se enfadó muchísimo.

–Te voy a matar –dijo, y se fue a por él. Aaron se echó a correr y todos detrás suyo. Muchos se quedaron atrás pero Sergio y yo le dimos alcance tras perseguirlo tres o cuatro manzanas. Yo lo sujeté por detrás.

–Ahora deberíamos morderle –propuse

–A ello voy –y mordió. Aaron comenzó a chillar y a patalear intentando soltarse. Esfuerzos inútiles, puesto que yo, sin ser bueno al fútbol ni a las canicas, era el más alto, velludo y fuerte de mi curso. Sergio en cambio, sí soltó su presa.

–Ostras tú, que es un niño de verdad.

–Pues claro, imbécil –se quejó el negro.

Lo solté y se fue corriendo. No lo seguimos. Desilusionados, entramos en una tienda de chucherías y compramos duros de chocolate. Caminamos hasta el descampado donde más tarde construirían la piscina municipal, y allí nos sentamos a reflexionar sobre nuestro error, porque el profe había dicho que si reflexionábamos sobre nuestros errores aprenderíamos de ellos. Y recapacita que recapacita y vuelve a recapacitar, concluimos que:

a) nos habíamos equivocado de cabo a rabo y

b) si los negros fueran de chocolate, se derretirían.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Lindo dia...


Ah, que magnifico día! –Pensé-
Últimamente no iba del todo bien para mi, pero este día me sentía muy bien, capaz de todo, sonriente, optimista… Este iba ser mi mejor día en mucho tiempo.
Acababa de dejar el subte sobre la calle Lima, y al salir a la calle respire profundamente, como si estuviera en el campo, pero ni todo el smog y los malos olores mermaron mi optimismo. Me dirigí hacia el lugar de trabajo, ya estaba a unos cuantos pasos, exactamente en aquel cruce de la avenida mas grande del mundo con otra algo menos conocida pero que me llegaba por mis recuerdos de adelocente cuando practicaba Rugby, cuando de pronto algo me llamó la atención: a unos pocos metros, una espectacular figura femenina se movía con una pequeña de la mano, no lo pensé dos veces y entonces aceleré el paso para poder ver mejor, pero cuando mi imaginación empezaba a volar, un movimiento brusco rompió el encanto, vi que la dama volteo a ver a la niña, dirigiéndole algunas palabras que no alcance a distinguir y entonces la niña, inesperadamente, giró y soltó la mano de la dama corriendo directamente al centro de la avenida. A menos de dos metros, ni siquiera lo pensé, me vi corriendo hacia la niña a toda velocidad, no dudé ni por un instante en alcanzarla y ponerla a salvo… Lamentablemente a pesar de todo mi optimismo y de la sensación de plenitud, mis piernas y reflejos no respondieron tan bien como mi mente, efectivamente la alcancé rápidamente, pero no me pude detener y girar tan rápido como requería la situación, pues aun cuando aquel auto frenó desesperadamente, era inevitable el golpe, alcancé a dar un paso hacia la acera y cuando percibí que no lo lograría, miré el rostro de angustia de la madre, estirando sus brazos al máximo, pero parecía tan lejos…
Le sonreí por un instante, al momento de lanzarle la niña con todas mis fuerzas, alcancé a ver como abrazaba llorando a la niña y como giro su rostro hacia mi, pero jamás llegué a verlo…
Un chillido de llantas seguido de un fuerte golpe, seco, llamó la atención de mucha gente, algunos incluso vieron volar un cuerpo algunos metros, chocar contra un auto y caer al suelo. En pocos segundos, mucha gente se encontraba alrededor, muchos preguntando que había sucedido.
Una voz se escuchó con claridad –se lo tenía merecido, se quiso robar a la niña-
- Si, yo vi como se la arrebató a su madre- terció otro
Pronto un gran murmullo creció tornándose casi en tumulto: varios escupieron el cuerpo, muchos lo maldijeron y casi todos aprobaron lo sucedido, incluso uno lanzó una patada a aquel cadáver.
- No vale la pena, ya pago su crimen- se dejó oír una voz, y poco a poco se calmaron los ánimos, la mayoría dio la espalda alejándose de el lugar comentando sus impresiones de lo acontecido. Algunos mas acudieron a dar apoyo a la dama y a la niña – no se preocupe ya viene la ayuda- dijo alguno, al tiempo que se escuchaban las cada vez mas cercanas sirenas de ambulancias y patrullas…

lunes, 31 de agosto de 2009

Eternidad


Creo que voy a estallar,
hay cosas en el alma q se despertaron,
respuestas que contra la pared no se van a encontrar,
en las revistas nunca van a estar,
escondidas en un libro,
guardadas en una estrella,
transpiradas en tu piel, quiza...

Y es que todo se ve tan lindo en tu mirar
q alguna vez en el cielo crei estar,
es tan fresca tu vida,
siento como tus besos cierran mi herida.

Hoy mirar alrededor no es una locura,
cuando en la sombra se trasluce tu figura,
que me transporta a otro lugar,
ese, en el q tus alas me regalan,
la eternidad...

jueves, 27 de agosto de 2009

La sed y la herida


Crear un lenguaje de cuerpo intenso,
rara belleza e insólitas formas;
oscuro y vivo
como acaso sea lo profundo del mar.

Light My Fire...


Cercana a la avenida Monseñor Rivero, travesía de los cafecitos, se esconde una plaza recoleta. En su centro, el busto de un hombre anónimo, escultura de mal gusto, es soberano sobre los asientos desiertos, desentendidos de quien en el borde, esperando no ser atropellado, descansa sobre la orilla de la acera. Es un muchacho de rostro ensimismado, se dedica a vender discos compactos, copias ilegales cuyo catálogo ofrece música rock de los setenta. Tiene un reproductor. Escucha Light my fire de Jim Morrison. En medio del canto se oye la frase And our love become a funeral pyre, que nadie entiende. El vendedor suelta una lágrima inadvertida, mientras inevitable como la tarde ha empezado la lluvia, y los automóviles pasan a gran velocidad, salpicando barro, barro citadino sobre la cara.

martes, 18 de agosto de 2009

Pasá, la puerta esta abierta para vos...


Sentado de espaldas al atardecer, con una sombra proyectada a sus pies, de silueta deforme, estaba Erick con su nariz sangrante y la mirada sostenida en una dirección perdida. En un parque triste, sin bulla ni gente en silencio.

Sin importar como llegó ahí, estaba sentado sobre una banca incompleta de parque público, tratando de reponerse de un esfuerzo emocional más que físico, que lo mantenía concentrado en un punto ciego, sin pestañear, dentro o fuera de su mundo. Sus dedos entrecruzados al azar, estaban rojos por el frío clima de esa hora, pero Erick no lo sentía.

Aunque alguien rondara el lugar, y viendo el estado de Erick, no se habría acercado. La energía tensa que salía de su cuerpo no permitía que nada se sumergiera en su aura.

Erick no habría dejado que nada interfiriese con sus impulsos creativos. Alejar de manera tan violenta a sus padres y amigos, le había inspirado.

Luego de un momento, Erick se desvanece en lágrimas, que remojan la sangre seca de su nariz y barbilla. Sus manos comienzan a temblar, cediendo a la inclemencia del frío de otoño, o tal vez, cansadas por la rigidez con que las mantuvo adormecidas en su falda. De pronto cae de rodillas al suelo húmedo, deja caer su cabeza, mirando hacia el suelo, rindiéndose, y entre sollozos con su voz tibia dice:

- Ya no más.

*** Memorias de un Boludo ***


Otra vez me dejaste en la espera por tus besos, otra vez me dejaste con las palabras en la boca, palabras que deseaban expresarte el más puro y tierno amor. Otra vez me quede solo e ilusionado imaginando el regreso de tu amor por mí. Otra vez me siento perdido…
Otra vez siento que me has dejado solo en medio del desierto, donde habitan los buitres asechando por su presa. He quedado solo como un indefenso roedor siendo asechado por su enemigo en una casería sin final.
No me ilusiones otra vez… no te das cuenta que cada palabra que sale de tu boca me lastima cada vez mas, basta ya! No jugaras otra vez conmigo.
Basta ya! No sigas, retrocede sobre tus pasos y date cuenta a cuantas personas lastimaste hace un tiempo atrás. Basta ya! No mires hacia delante, mejor mira tu pasado y tu presente, date cuenta que en un rincón del planeta se encuentran unos ojos perdidos llenos de lagrimas y dolor, expresando la gran pena que lleva dentro del corazón, ¿Qué acaso no te das cuenta que alguien está sufriendo por ti, por el amor que le juraste, por el amor que prometiste luchar…? Ya date cuenta que una personita, aquí, te está amando con toda su alma y tu solo la estas lastimando.
Basta ya! No lo hagas otra vez! Avanza o retrocede, decídete de una vez. Juega las cartas que tu destino te ha obsequiado, o te juegas todas las cartas por tu pasado que te asegura un futuro feliz, o te arriesgas a apostarlas por un futuro incierto arriesgándote a perder todo lo que pasado te podría haber dado. Si optas por la segunda opción, el pasado desaparecerá para siempre de tu memoria, dejando tu presente a la deriva y un futuro lleno de recuerdos, que apostaría todas mis cartas te arrepentirás de haber dejado…
Otra vez este presente me arrastro a recordarte, otra vez mi corazón cuestiona tu ausencia… Basta ya! Toma conciencia.

Tal vez nunca supimos entendernos...


Quiero encontrarte

vivirte en esta realidad

valbuseante, quieta...

Nunca espere buscarte

y fusionando atomos

ahi estabas, espesa

radiante,

cuadro vacio repleto

de esperanzas inmoviles

que aguardan ser despiertas...

Deseos intimos,

cargados de placeres oscuros

silbaban en la bruma

aquella noche que despertaste mis sentidos

...Anhelos desesperados regresan

buscando un sin fin de interrogantes

nunca dichos, y ahi estas

espesa, radiante, iluminando

cada linea de este escrito

que tal vez, nunca te llegue...

sábado, 15 de agosto de 2009

Un sorbo en blanco y negro


–Esas fotos en blanco y negro, las personales en particular, me entristecen. Reacción relativamente normal. Lo desconcertante es que sean las más recientes las que agudicen ese sentimiento de añoranza, hasta el punto de quitarme el habla durante días. No puedo evitar verme 40 años mayor, echando de menos el presente.

Renato Llerena acercó la taza a sus labios, pero no llegó a sorber el café, únicamente inhaló su aroma. Era un placer infantil que se le hizo costumbre. No recordaba haberlo bebido nunca. Renato prosiguió…

–40 años mayor, lejos de este presente, de estos días próximos que aún no he vivido y que habrán pasado de mí sin darme apenas cuenta. ¡Por qué cuantos más años tengo todo se hace cada vez más fugaz! Mi niñez duró algo cercano a una eternidad; la adolescencia, menos de lo que hubiese querido. El resto se parece a un recuerdo ajeno, a las anécdotas de un amigo.

Miró a sus tres colegas, con quienes se reunía todos los jueves en el café Cordano. Desde un principio, acordaron que en cada sesión sólo uno tomaría la palabra. Tenían otros grupos para conversar. Renato prosiguió…

–Estoy casi seguro de que tiene que ver con la concentración. A mis 37 años he remplazado la edad por la relatividad del tiempo y es indiscutible que fui niño hace uno o dos días. Y es porque ahora no me concentro en el presente. Mis acciones las realizo pensando en el pasado y en el futuro, en el por qué y para qué, y lo que hago no dura, no se ensancha en el instante.

Su mirada contempló la nada y el brillo húmedo de sus ojos agregó unas cuantas palabras. Los tres colegas no perdieron detalle, escucharon todo. El camarero los interrumpió con una nueva ronda de cafés. Renato prosiguió…

–¿Estoy casi seguro? Es más probable que desee creerlo. Uno recuerda los sucesos de la infancia, pero no la forma de concebirla, de entender la razón de cómo eternizarla. Uno ahora sólo alcanza a especular, pero no hay certezas, porque un niño no analiza su circunstancia, simplemente se dedica a explorar cada segundo, sin ningún interés de cronometrarlo.

Sus tres colegas, aprovechando la pausa, se acercaron el café a los labios, pero no lo sorbieron, únicamente inhalaron su aroma. Era una costumbre aprendida de quien ese día tomaba la palabra. Renato prosiguió…

–Y más allá de cualquier demostración, a favor o en contra, es evidente que.

Renato, que iba a continuar la frase, abrió la boca, mas no salió palabra. Sus colegas se quedaron con un sutil sinsabor. El aroma del ambiente lo disipó. De vez en cuando, solían echar de menos el beber café. Renato prosiguió…

–¿En cuánto influirá que los adultos tengamos consciencia de nuestra existencia efímera? Si uno no pensara en ello, sentiría que es eterno y no tendría sentido fragmentar el tiempo. Toda acción duraría igual que otra. ¿Y la curiosidad? ¿El deseo? ¿El miedo? Al fin y al cabo son información que acelera o ralentiza cada momento. ¿La ignorancia te acerca a la eternidad del instante y el conocimiento a la intangibilidad del porvenir?

Perdido entre sus conjeturas y dudas –agobiado–, intentó dejar su mente fuera del alcance de la razón. Lo consiguió. Aunque él no lo entendió así. Sin pensar en lo que hacía, dio un sorbo al café. Ese instante duró toda su niñez.

por Rafael R. Valcárcel

jueves, 13 de agosto de 2009

SOLO POR AMOR


Camino por mi camino.Mi camino es una ruta con un solo carril, el mío.
A mi izquierda un muro eterno, separa mi camino del camino de alguien que transita a mi lado, del otro lado del muro.
De vez en cuando en este muro hay un agujero, una ventana, una hendidura… y puedo mirar hacia el camino de mi vecino o vecina.
Un día mientras camino, creo ver, del otro lado del muro, una figura que pasa a mi ritmo, en mi misma dirección.
Miro esa figura: es una mujer, es hermosa.
Ella también me ve. Me mira.
La vuelvo a mirar.
Le sonrío… y me sonríe.
Un momento después ella sigue andando su camino y yo apuro la marcha porque espero ansiosamente la próxima oportunidad de cruzarme con esa mujer.
En la próxima ventana me detengo un minuto.
Cuando ella llega, nos miramos a través de la ventana.
Parece tan encantada conmigo como yo con ella.
Le digo por señas lo mucho que ella me agrada.
Me contesta por señas. No sé si significan lo mismo que las mías, pero intuyo que ella entiende lo que quiero decirle.
Siento que me quedaría un largo rato mirándola y dejándome mirar, pero sé que mi camino continúa…
Me digo que más adelante en el camino, habrá seguramente una puerta y quizás pueda yo cruzar a encontrarme con ella.
Nada da más certeza que el deseo, así que me apuro por encontrar la puerta que imagino.
Empiezo a correr con la vista clavada en el muro.
Un poco más adelante la puerta aparece.
Allí está del otro lado, mi ahora deseada y amada compañera, esperando, esperándome.
Le hago un gesto, ella me devuelve un beso en el aire.
Me hace una seña como llamándome. Es todo lo que necesito.
Emprendo contra la puerta para reunirme con ella, de su lado del muro.
La puerta es muy estrecha, paso una mano, paso el hombro, hundo un poco la panza, me retuerzo un poquito sobre mí mismo, casi consigo pasar mi cabeza pero mi oreja derecha se queda trabada.
Empujo.
No hay caso, no pasa.
Y no puedo usar mi mano para torcerla, porque no podría poner ni un dedo allí…
No hay espacio para pasar con mi oreja, así que, tomo una decisión…
(Porque mi amada está allí, y me espera…).
(Porque es la mujer que siempre soñé y me llama…)
… Saco una navaja de mi bolsillo y de un sólo tajo rápido, me animo a darme un corte en la oreja para que mi cabeza pase por la puerta.
Y tengo éxito, mi cabeza consigue pasar…
Pero después de mi cabeza, veo que es mi hombro el que queda trabado.
La puerta, no tiene la forma de mi cuerpo.
Hago fuerza, pero no hay remedio, mi mano y mi cuerpo han pasado, pero mi otro hombro y mi otro brazo no pasan…
Ya nada me importa, así que…
Retrocedo, y sin pensar en las consecuencias, tomo envión y fuerzo mi paso por la puerta.
Al hacerlo, el golpe desarticula mi hombro y el brazo queda colgando como sin vida, pero ahora, afortunadamente, en una posición tal que no puedo atravesar la puerta…
Ya casi… casi, estoy del otro lado.
Justo cuando estoy a punto de terminar de pasar por la hendidura, me doy cuenta de que mi pie derecho se ha quedado enganchado del otro lado.
Por mucho que fuerzo y me esfuerzo, no puedo pasarlo.
No hay caso, la puerta es demasiado angosta para que mi cuerpo entero pase por ella.
Demasiado angosta, no pasan mis dos pies…
No lo dudo. Estoy ya casi al alcance de mi amada.
No puedo echarme atrás… Así que, agarro el hacha, y apretando los dientes, doy el golpe y desprendo la pierna.
Ensangrentado, a los saltos, apoyado en el hacha y con el brazo desarticulado, con una oreja y una pierna menos, me encuentro con mi amada.
Le digo:
- Aquí estoy. Por fin he pasado. Me miraste, te miré, me enamoré. He pagado todos los costos por ti… Todo vale en la guerra y el amor. No importan los sacrificios… valían la pena si eran para encontrarse contigo… para poder seguir juntos… juntos para siempre…
Ella me mira, se le escapa una mueca y me dice:
- Así no, así no quiero… A mí me gustabas cuando estabas entero.







Jorge Bucay.

La botella del mar tuvo otra orilla


No aprendimos la leccion...

lunes, 6 de julio de 2009

¿Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo?


¿Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo?

Que uno sólo tiene que buscarlo y dárselo.
Que nadie establece normas, salvo la vida.
Que la vida sin ciertas normas pierde forma.
Que la forma no se pierde con abrirnos.
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente.
Que no está prohibido amar.
Que también se puede odiar.

Cómo hacerte saber
que nadie establece normas, salvo la vida.

Que el odio y el amor son afectos.
Que la agresión porque sí, hiere mucho.
Que las heridas se cierran.
Que las puertas no deben cerrarse.
Que la mayor puerta es el afecto.
Que los afectos nos definen.
Que definirse no es remar contra la corriente.

Que no cuanto más fuerte se hace el trazo, más se dibuja.
Que buscar un equilibrio no implica ser tibio.
Que negar palabras implica abrir distancias.
Que encontrarse es muy hermoso.
Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida.
Que la vida parte del sexo.
Que el por qué de los niños tiene un por qué.

Que querer saber de alguien no es sólo curiosidad.
Que querer saber todo de todos es curiosidad malsana.
Que nunca está de más agradecer.
Que la autodeterminación no es hacer las cosas solo.
Que nadie quiere estar solo.
Que para no estar solo hay que dar.
Que para dar debimos recibir antes.

Que para que nos den, también hay que saber cómo pedir.
Que saber pedir no es regalarse.
Que regalarse es, en definitiva, no quererse.
Que para que nos quieran debemos mostrar quienes somos.
Que para que alguien sea, hay que ayudarlo.
Que ayudar es poder alentar y apoyar.
Que adular no es ayudar.

Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara.
Que las cosas cara a cara son honestas.
Que nadie es honesto porque no roba.
Que el que roba no es ladrón por placer.
Que cuando no hay placer en hacer las cosas, no se está viviendo.
Que para sentir la vida no hay que olvidarse que existe la muerte.
Que se puede estar muerto en vida.

Que se siente con el cuerpo y la mente.
Que con los oídos se escucha.
Que cuesta ser sensibles y no herirse.
Que herirse no es desangrarse.
Que para no ser heridos, levantamos muros.
Que quien siembra muros no recoge nada.
Que casi todos somos albañiles de muros.

Que sería mucho mejor construir puentes.
Que sobre ellos se va a la otra orilla, y también se vuelve.
Que volver no implica retroceder.
Que retroceder puede ser también avanzar.
Que no por mucho avanzar se amanece más cerca del sol.

Cómo hacerte saber
que nadie establece normas, salvo la vida.