martes, 8 de septiembre de 2009
Hombre gris
El era un tipo correcto, amable, serio y algo reservado. En definitiva, casi lo que algunos mortales suelen escalafonarlo como “alguien normal”.
Tenia su vida programada. Sus días transcurrían como un programa de radio, todo estipulado en tiempo y forma. A las 7 de la mañana la alarma del celular le desgarraba de sus sueños como cual yacaré desgarra a su presa antes de ser devorada. Abrir los ojos, bostezar como quejándose de la vida e inclinarse hasta llegar a una posición de 90º eran las primeras tres cosas que el día a día le planteaban.
El mismo pasillo frió y vacío que lo depositaba en el baño mientras que recorría cada parte de su anatomía eran como las calles de noche, tranquilo, algo tristes tenidos con ese color ocre resonante. Después de una rápida y descontracturante ducha caliente se dirigía a la cocina, allí lo estarían esperando esa pava vieja con el mango de madera quemado encima de la cocina. Por arriba de la mesa, como felizmente acomodada la bandeja con las cosas del café como solía hacer todas las noches antes de irse a dormir. Prender la radio, informarse sobre el tiempo, el transito o simplemente hacer correr las agujas del reloj mientras bate que bate en la taza el desayuno hasta que ese diminuto chillido de la pava le avise que el agua esta a punto. Cosas que solía hacer.
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